David Fernández Cuesta
Me gustaría compartir una reflexión, sobre las geometrías de Pedro María Asensio, a propósito de mi experiencia personal al estudiar dos de las obras exhibidas en la muestra Punto de Fuga (2021).
A tal efecto echaré mano de las viejas lecciones aprendidas en las clases de arte. Mi antiguo profesor insistía en que para valorar una obra de arte siempre debíamos de analizar de forma ordenada su vertiente objetiva y su vertiente subjetiva. Para ello, al contemplar la obra teníamos que hacernos dos preguntas esenciales: “¿Qué podemos decir de lo que podemos ver?” y “¿Qué podemos decir de lo que no podemos ver?”. O lo que es lo mismo, ¿qué podemos decir a propósito del aspecto formal, técnico y estilístico de la obra? y ¿qué podemos decir a propósito de lo que trata de transmitirnos el artista con su obra? Me valdré de esta sencilla metodología para reflexionar sobre dos de las obras de Punto de Fuga que comparten estructura formal.
La primera pintura pertenece a la serie Autarquía (2017).

Autarquía XV, 2017.
Acrílico sobre tela.
189 x 189 cm
Empezaremos con: “¿Qué podemos decir de lo que se ve en esta obra?”. El artista usa un lenguaje visual abstracto que utiliza elementos geométricos y colores para crear una composición que busca transmitir una sensación de tridimensionalidad, de movimiento en profundidad, mediante el uso de una perspectiva frontal proyectada con líneas blancas desde un punto de fuga central. Esta sensación se refuerza por la cuadrícula blanca que queda definida al unir con líneas (horizontales y verticales) los puntos de corte simétricos del borde exterior del cuadro. Estas líneas definen una estructura que se asemejaría a la de un cubo de Rubik azul cortado en todas sus caras por una cuadricula blanca. La ilusión óptica, que busca introducir al espectador en el interior de la obra, se acentúa con la inserción de dos estructuras similares en el interior del cubo principal: una, muy sutil en primer término, definida por líneas grises, y otra, en profundidad, definida por líneas negras. La estructura gris comparte el mismo punto de fuga que la blanca, pero la estructura negra no. Este último detalle sirve para aumentar la sensación de profundidad arquitectónica en la obra que queda reforzada por el medio tono más oscuro de azul que el artista usa dentro del cubo de líneas negras. Este detalle acentúa la ilusión de estar en presencia de un volumen en negativo, que se introduce hacia el interior de la pintura y forma la antesala del corazón de la obra: el cuadrado rojo que se haya en su centro. La calidez del rojo central contrasta con la frialdad del color azul predominante la obra, la fuerza del color rojo permite iluminar el remoto interior de la estancia representada por Asensio.
Sin duda, estamos ante una obra que podríamos encuadrar dentro del arte óptico u Op-art, una forma de abstracción geométrica que se basa en ilusiones ópticas para crear sensación de movimiento o volumen en la superficie plana de una pintura.
Una vez analizadas las cuestiones formales y estilísticas pasemos al: ¿Qué podemos decir de lo que no se ve en esta obra? Como pueden imaginar esta pregunta es más difícil de contestar, para hacerlo con acierto es necesario conocer la motivación y la psicología del artista, su trayectoria personal y el contexto social que le rodea. Para conocer las motivaciones del artista podemos revisar la conceptualización de la exposición Autarquía (2019), una crítica a la deriva que arrastra a Ibiza desde hace dos décadas, sobre la que Asensio afirmaba en una entrevista con un periódico: “Frente al desarrollo urbanístico hemos llegado a una autarquía en la que cada uno vive en su mundo, estamos ensimismados, lejos de la cultura y de la vida”1.
La obra había aparecido previamente en 2017 en la exposición “Desarrollo Insostenible”, en la muestra la pintura se descubría como la culminación de la investigación formal del artista entorno al uso de la profundidad espacial para recrear espacios arquitectónicos abstractos mediante la proyección de cuadrículas cúbicas. La premonición fatalista que titulaba la exposición reflejaba las reflexiones del pintor en ese momento: “Mi desarrollo personal y el de la isla creo que van juntos, y en ese sentido soy fatalista, no soy muy optimista al respecto”2.
El tono pesimista de las declaraciones en ambas exposiciones contrasta con la serenidad que transmite la contemplación de la obra, apreciación estética influida por el equilibrio de la composición y el tono azul predominante. Si a esta armonía le sumamos la ilusión óptica y el color rojo central, a modo de “pimienta” artística, el artista consigue el efecto que busca en el espectador: “La gente se sorprende del rigor de las composiciones, pero quiero trascender la forma y la técnica e inquietar al visitante”3.
Debemos centrarnos en el análisis del uso de la cuadrícula (elemento compositivo esencial en la obra de Asensio) para dar con la clave que nos permitirá enlazar con las reflexiones y la psicología del artista. La cuadrícula blanca proyectada desde la superficie del cuadro hacia el interior se asemeja a una gran jaula que encierra toda la obra. Las sombras del entramado desafían las leyes de la física en una alusión velada al mito platónico de la caverna.
Como comenté previamente, en el interior de la “jaula” blanca encontramos otras dos, gris y negra, insertadas a modo de juego de muñecas rusas. Y en el corazón de la matrioska: el cuadrado rojo, auténtico corazón de la obra y punto esencial al que el artista quiere que dirijamos nuestra mirada.
Analizando así la obra es más sencillo conciliar su diseño con la conceptualización genérica que Asensio quiso dar a sus exposiciones “Autarquía” y “Desarrollo Insostenible”. La imagen mental de una serie de jaulas, introducidas unas dentro de otras con objeto de retener el corazón de la obra, encaja perfectamente con el testimonio pesimista, en lo personal y en el entorno, que el artista comparte con nosotros.
La segunda pintura pertenece a la serie Punto de Fuga (2020).

Punto de Fuga VI, 2021.
Acrílico sobre tela.
189 x 189 cm
“¿Qué podemos decir de lo que se ve en esta obra?” El planteamiento de la obra comparte muchas cosas con el de Autarquía (2017). Me detendré poco en las similitudes entre ambas pinturas, ya que volvemos a encontrarnos con la misma técnica: el uso de una perspectiva frontal a partir de un único punto de fuga central, que busca transmitir la ilusión óptica de movimiento en profundidad para generar volumen. También tenemos la estructura de cuadrículas tridimensionales insertadas unas dentro de otras a modo de matrioska geométrica. Y en el fondo, el cuadrado rojo, corazón de la obra y punto en el que centraremos, ineludiblemente, nuestra mirada.
Pasemos a las diferencias formales, pues a posteriori nos darán las claves de la evolución personal del artista. Las cuadrículas tridimensionales, en color blanco, gris y negro, forman patrones cúbicos menos tupidos, lo cual dota a toda la obra de una ligereza que se acentúa por el uso del color malva pastel como tono cromático predominante en la obra. El uso sutil de los tres colores básicos (rojo, amarillo y azul) en sendas finas cuadrículas bidimensionales genera una ilusión óptica de vibración cromática. Por último, el cuadrado rojo central aparece atravesado por una doble cuadrícula ―al contrario que en Autarquía (2019) que permanecía libre (salvo por el cruce de los ejes vertical y horizontal que articulan el cuadro)―, una forma parte de la cuadrícula tridimensional negra y la otra es un patrón plano de cuádruple línea blanca que no va más allá de los límites del cuadrado rojo.
Sin miedo a equivocarnos, podemos afirmar que estamos ante una pintura Op-art. Pero quedarnos en esto implicaría un ejercicio de reduccionismo que no hace justicia al abanico de hallazgos formales que maneja Asensio en cada una de sus obras: La presencia de la cuadrícula como elemento compositivo nos remonta al neoplasticismo, o de Stijl, abanderado por Piet Mondrian. La transición de los tres colores principales (malva, azul y rojo), nos retrotrae a los estudios de interacción cromática de Josef Albers. Y por último, el uso de la perspectiva central para crear una sensación de dimensiones arquitectónicas en la obra nos remite directamente a la pintura renacentista, concretamente a “La última cena” de Leonardo.
Y ¿Qué podemos decir de lo que no se ve en esta obra? Como hemos comentado en el punto anterior esta obra respira ligereza, especialmente si la comparas con su homóloga. También podemos vislumbrar a través de las declaraciones de Asensio a los medios que el artista ha aligerado su malestar psicológico y ha tornado el tono crítico en reflexión: “En esta época (pandemia COVID19) todos hemos aprovechado para leer, para ver cine, para escuchar música… nos hemos agarrado a la cultura como a una tabla de salvación. Nos ha servido de bálsamo y nos ha hecho recapacitar y espero que sirva para que tomemos conciencia de la importancia que tiene la cultura para nuestras vidas”4.
De nuevo las reflexiones del artista tienen un reflejo en la obra. La imagen de la matrioska de jaulas se repite con una densidad de cuadrículas mucho menor, la profundidad de la perspectiva es menor y el cuadrado rojo central tiene mayor tamaño. Este diseño formal transmite una “balsámica” sensación de liberación muy alejada del pesimismo que manifestaba al artista en 2017 y 2018. Las delicadas cuadrículas en rojo, amarillo y azul del plano frontal, que vibran y no forman estructuras cerradas, refuerzan esa sensación liberadora.
Y si nos centramos en el cuadrado rojo, descubrimos que aunque aparece integrado con el patrón de cuadrícula negra de la jaula interior tiene un patrón propio blanco bien definido. Esta última imagen bien podría ser una metáfora visual de la asunción por parte del artista de su papel activo en el engranaje social. Parece obvio que el artista se ha reconciliado con el entorno (y por ende consigo mismo), sublimando su impulso tanático y atribuyéndose una función social integradora sin renunciar a su propia individualidad: “El artista es como el farero, está allí expectante, mira los peligros, ve lo que hay e intenta mejorar la vida de los demás desde sus reflexiones. Eso conlleva una soledad muy grande”5.
El impacto psicológico de la pandemia COVID 19 nos ha transformado a todos en mayor o menor grado y en Asensio, esa huella emocional, ha impregnado su producción artística de 2020 y 2021. El temor, el aislamiento, la esperanza y la resiliencia transitan firmemente coaligadas con las líneas, los colores y las estructuras abstractas en la producción artística de estos dos años. Eso hace de Punto de Fuga y Sefirot dos series muy especiales que, me atrevo a pronosticar, marcarán un hito en la producción artística de Pedro María Asensio.
NOTAS:
- De Lama, Fernando. “Pedro M. Asensio reflexiona sobre la sociedad autárquica en Can Llaneres”. Diario de Ibiza. 12/04/2019.
- Ferrer Arambarri, Laura. “Asensio: En mi obra reflexiono hacia dónde vamos”. Diario de Ibiza. 04/10/2017.
- Aguado, Sara. “Asensio da forma al Desarrollo Insostenible”. Periódico de Ibiza. 05/10/2017.
- De Lama, Fernando. “La cultura como faro de una doble muestra de Pedro Asensio en Ibiza y Sant Antoni”. Diario de Ibiza. 06/10/2021.
- Planells, Antoni. “El punto de fuga de las reflexiones de Pedro Asensio”. Periódico de Ibiza. 07/10/2021.